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24.06.2026

Consejos médicos

Enfermedades respiratorias típicas de invierno

La llegada de esta estación se encuentra marcada por el aumento de las infecciones respiratorias. Estas enfermedades pueden contagiarse a través de la persona afectada -mediante saliva, secreciones nasales y bronquiales, entre otros-. Las gotículas producidas naturalmente por los humanos -cuando respiran, conversan, estornudan o tosen- encierran diversos tipos de células -las epiteliales y del sistema inmunitario, por ejemplo- y también potencialmente diversos agentes infecciosos -bacterias, hongos y virus, entre otros-.
Las superficies pueden contaminarse cuando se las toca con las manos, pañuelos de tela o papel usados u otros materiales que hayan estado en contacto con las secreciones. Datos publicados indican que el estornudo podría producir hasta 40 mil gotículas de 0,5-12 µm de diámetro que se expulsan a velocidades de hasta 100 m/s, mientras que la tos provoca hasta 3000 núcleos goticulares -aproximadamente, el mismo número que el generado al conversar durante cinco minutos-.

Medidas necesarias
En primer lugar, hay que tener una alimentación adecuada que permita fortalecer las defensas naturales. En segundo término, el uso de un abrigo apropiado al momento de exponerse al frío. Las personas que por su trabajo poseen mayor riesgo de contacto con individuos enfermos o que presentan afecciones crónicas es aconsejable la vacunación antigripal. Cuando se cursa una infección respiratoria es fundamental tomar medidas para reducir el riesgo de propagación.
La higiene de las manos; la persona al toser o estornudar debe cubrirse la nariz y la boca con el pañuelo desechable, luego descartarlo y lavarse las manos. Si se está ante un individuo enfermo, será necesario limpiar las superficies que se encuentran a su alrededor porque los agentes infecciosos pueden sobrevivir en el medio ambiente por muchas horas y hasta, incluso, días. La limpieza se hace con agua y detergentes neutros.

Tipos de infecciones respiratorias agudas
Según la localización de la infección, ésta se puede dividir en alta o baja. Las infecciones respiratorias altas son las que afectan la nasofaringe, orofaringe, laringe, tráquea, oído y senos paranasales. Debe recordarse que la mucosa del tracto respiratorio superior es continua, por lo que una infección en cualquiera de sus sectores puede propagarse hacia los sectores inferiores. Por otra parte, las infecciones respiratorias bajas son la bronquitis y la neumonía aguda.

Rinitis (resfriado común): es la inflamación de la mucosa nasal con aumento de las secreciones y corrimiento -moco-, estornudos, obstrucción nasal, sensación de frío y malestar que dura entre dos y siete días. Suele acompañarse de odinofagia -dolor de garganta-, congestión conjuntival -ojos congestionados y rojos-, sensación febril, tos seca y voz ronca. La incubación, antes que aparezcan los síntomas, es de entre 12 horas y cinco días. El contagio se produce desde un día antes de aparecer los síntomas y hasta cinco días después. Puede afectar a cualquier persona y varias veces, ya que es generada por diferentes gérmenes; es de causa viral, por lo que no es sensible al tratamiento antibiótico. Se trasmite entre personas y por objetos contaminados.

Faringitis: consiste en la inflamación de las amígdalas y faringe, caracterizada por dolor de garganta y modificación de su aspecto rojo o con placas blancas. La mayoría se da por causa viral (80-90%) y el resto por bacterias, la más común es el estreptococo. Se diagnostica mediante el examen clínico. El carácter epidémico y la presencia de fiebre, dolor de garganta persistente, inflamación de los ganglios y exudado purulento hacen pensar en una infección por bacterias. El tratamiento en las afecciones de causa viral es el alivio de los síntomas y se resuelve espontáneamente entre cuatro y siete días. En la bacteriana, hay que utilizar antibióticos del tipo de la amoxicilina.

Laringitis: se trata de la inflamación de la mucosa laríngea. Se puede asociar con el resfrío común y el síndrome gripal. Suele caracterizarse por voz ronca y a veces afonía. Puede aparecer tos -perruna- y, en menor grado, dolor de garganta. En la mayoría de los casos dura tres o cuatro días y la tos puede persistir por más tiempo.

Bronquitis aguda: se presenta como una enfermedad benigna en personas sanas pero puede tener consecuencias severas en personas con EPOC (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica). Consiste en un proceso inflamatorio agudo del árbol bronquial, habitualmente, de causa infecciosa. En personas sanas, la mayoría de las bronquitis agudas tienen una causa viral, por lo que no están indicados los antibióticos.

La enfermedad tiende a ser más grave en los extremos de la vida y puede observarse, en algunos, el desarrollo de una infección por bacterias como complicación del cuadro.
Gripe: es considerada una enfermedad respiratoria aguda y producida por el virus influenza. Se contagia de persona a persona en pequeñas partículas aerosolizadas de secreciones respiratorias que contienen el virus. El período de incubación es de uno a cuatro días y se transmite desde el día antes del inicio de los síntomas hasta los cinco días posteriores. Posee un inicio brusco de los síntomas: fiebre, dolor muscular y de articulaciones, dolor de cabeza, tos seca, dolor de garganta y resfrío. La tendencia de los virus de la gripe a experimentar cambios frecuentes y permanentes obliga a vigilar constantemente la situación mundial y a introducir ajustes en la composición de las vacunas antigripales. El diagnóstico es clínico y no se realizan test de rutina. En la mayoría de las personas es una enfermedad que evoluciona hacia la curación espontáneamente -lleva entre siete y 10 días-; durante ese tiempo la persona debe guardar reposo, bajar la temperatura y tomar abundante líquido. En un pequeño número de individuos, sobre todo ancianos o con enfermedades generales que comprometen la inmunidad, puede complicarse con el desarrollo de una infección pulmonar.

Neumonía aguda: afección inflamatoria del parénquima pulmonar y se da por causa infecciosa. Puede estar ocasionada por bacterias, virus o en personas con déficit en la inmunidad debido a gérmenes más raros. La frecuencia relativa de cada agente causal varía según muchos factores, tales como: la edad, la existencia de enfermedades asociadas y el contexto en que se adquiere la infección-comunidad, hospital y residencia de ancianos, entre otros-. Se caracteriza por fiebre, sintomatología respiratoria variable y la aparición de infiltrados en la radiología. Por lo tanto, esta entidad es de diagnóstico clínico, radiológico y evolutivo. En las edades extremas de la vida su incidencia es mayor y se desarrollan consecuencias más graves. Representa un problema relevante en Salud Pública, tanto en sus aspectos sociales como económicos, por la elevada morbimortalidad, las altas tasas de hospitalización, la estadía hospitalaria prolongada y los costos elevados.

El invierno es una época en la que se necesitan extremar los cuidados. Es la mejor herramienta para impedir el desarrollo de estas enfermedades tan comunes y molestas.

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