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04.11.2013

Consejos médicos

Fractura de cadera en el anciano. Parte 1

Es una patología prevalente en el anciano que, más allá de la cirugía ortopédica que implica, afecta a distintas áreas de la medicina -rehabilitación, trabajo social y salud pública-.

Consiste en una fractura que está íntimamente relacionada con la osteoporosis; es decir, es considerada como un marcador de fragilidad en el anciano e incluye a todas las fracturas del fémur proximal. Además, se trata del tipo de fractura con mayor impacto en la morbimortalidad, discapacidad, y calidad de vida y social.

Según la localización de la línea de fractura, se clasifican en tres grandes grupos: subcapital,pertrocantérea y subtrocantérea; las dos primeras son responsables del 90% de las fracturas de cadera en los ancianos.

  • Fracturas subcapitales: La línea de la lesión se localiza entre la cabeza y los trocánteres; por lo tanto, puede afectar la irrigación sanguínea dando paso a la necrosis de la cabeza femoral. Por ese motivo, el tratamiento quirúrgico suele consistir en la implantación de una prótesis.
  • Fracturas pertrocantereas: Afectan al área entre ambos trocánteres y suelen tener mejor pronóstico en relación a la consolidación de la fractura y viabilidad de la cabeza femoral.
  • Fracturas subtrocantereas: Se producen por debajo del macizo trocantéreo. Si bien no generan problemas de viabilidad vascular, es más dificultosa su consolidación al verse afectado el hueso cortical.
  • Epidemiología

    La incidencia se incrementa, exponencialmente, con la edad y se estima que se duplicará para el año 2040. Más del 85% de las fracturas de cadera ocurren en los adultos mayores; se estima que a partir de los 50 años el 17% de las mujeres y el 6% de los varones sufrirán una fractura de cadera a lo largo de su vida, y de aquellos que vivan hasta los 90 años, el 23% de las mujeres y el 17% de los varones la padecerán.

    El 80% de las fracturas de cadera ocurren en personas de sexo femenino y esto se relaciona con: el aumento de la esperanza de vida de las mujeres y ante la menor pérdida de masa ósea en los hombres.

    La tasa de mortalidad es aproximadamente el 5% en la fase hospitalaria y 24% durante el primer año post fractura. De los pacientes que sobreviven, a los seis meses solamente el 50% recupera el nivel de independencia que tenían previamente en cuanto a las actividades diarias; esto impacta en forma directa en el área psicosocial y determina sobrecarga en los cuidadores, altos costos económicos y elevados índices de institucionalización.

    Etiología y factores de riesgo

    La fractura de cadera en el anciano ocurre, por lo general, como consecuencia de traumatismos mínimos o caídas y, en ciertos casos, también ocurren por fractura espontánea de un hueso muy debilitado -sin haber sufrido traumatismo-.

    La mayoría de las fracturas sucede en el domicilio de la persona y durante la realización de una actividad habitual. Ante esta realidad, hay que tener presente los principales factores de riesgo que se dividen en dos grupos:

    1) Los que suponen una disminución de la densidad ósea del hueso. En este sentido, sobresale la osteoporosis, aunque también aparece la enfermedad de Paget y los tumores primarios o secundarios de hueso.

    2) Los que aumentan el riesgo de caída. Las principales causas de caídas son: las reacciones adversas a fármacos -neurolépticos y ansiolíticos-, alteraciones del equilibrio y la marcha, disminución de la agudeza visual, alteración del estado mental -deterioro cognitivo y depresión-, así como factores derivados del entorno, barreras arquitectónicas -desniveles, alfombras y poca iluminación- o la práctica de actividades de riesgo.

    Diagnóstico

    El cuadro clínico induce a la sospecha diagnóstica. La historia clínica clásica se desarrolla de la siguiente manera: tras la caída, el paciente -por lo general- es incapaz de levantarse, y si lo hace no logra apoyar la extremidad afectada; ésta se encontrará en aducción, acortada y en rotación externa, mientras que la palpación a nivel de la ingle y/o en la región trocantérea será dolorosa. El mencionado cuadro clínico se presenta en el anciano sin deterioro cognitivo. Sin embargo, en sujetos con deterioro cognitivo-funcional moderado o grave puede manifestarse por empeoramiento brusco de la situación funcional -declinación funcional- o cognitiva -el denominado estado confusional agudo-.

    Asimismo, es fundamental recordar que la caída, en este grupo etario, puede ser la forma de presentación atípica de enfermedades agudas o crónicas agudizadas. Por lo tanto, es necesario conocer las circunstancias de la caída con el fin de buscar algún problema que la haya predispuesto.

    La confirmación diagnóstica se obtiene, en la mayoría de los casos, a través de una radiografía convencional de cadera, en proyección anteroposterior y axial. Además, la tomografía computarizada y la resonancia magnética son útiles en las situaciones en las que se presentan dudas diagnósticas.

    En una próxima actualización podrás encontrar más información sobre la fractura de cadera, como por ejemplo: tratamiento, prevención, control y rehabilitación.

    Dr. Oscar López

    Médico de SUAT

    Carné de Salud

    Carné de Salud Básico

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