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Consejos Médicos

07.10.2010   |   Conducta adolescente Volver

Adolescencia y su Crisis Natural

Pubertad y adolescencia son dos términos que suelen confundirse. A la primera se la puede considerar como un fenómeno biológico por el cual el cuerpo experimenta una serie de transformaciones sexuales que permiten la procreación. Por otra parte, la adolescencia deriva de la pubertad, ya que es la respuesta psíquica y social originada por los cambios corporales. La gran diferencia entre ambas es que en la pubertad se descubre el sexo y durante la adolescencia se da un paso más allá porque se ponen en práctica los descubrimientos anteriores mientras los genitales se definen y aparecen las fantasías sexuales. Es en este período en el cual algunos jóvenes ya tienen sus primeras relaciones sexuales completas. De esta forma, marcan un límite muy difuso entre su comportamiento y el de los adultos. Si la pubertad se convierte en algo similar a un juego exploratorio en el que prima el instinto, en la adolescencia ese juego se va volviendo, poco a poco, más consciente. Actualmente, a esta última se la ve más como una época de tránsito que abarca desde la infancia hasta la edad adulta y en la cual los jóvenes construyen su propia personalidad y consolidan las transformaciones físicas.
Tanto en la pubertad como en la adolescencia la fecha de inicio es fácilmente identificable, ya que los cambios corporales son visibles. La adolescencia tiene su punto de partida con la pubertad pero no está tan claro cuándo acaba. Algunos especialistas fijan la culminación de esta etapa alrededor de los 19 años pero esa cifra puede cambiar en función de diversas variables -la educación y la autonomía económica, entre otras-. Parece evidente que en la sociedad uruguaya la adolescencia se ha alargado en los últimos años. Esta tendencia se podría estar dando debido a la mayor dedicación a los estudios por parte de los jóvenes; por ende, suelen independizarse en edades más tardías.

Adolescencia y su Crisis Natural

El diálogo y la privacidad
Del mismo modo en que el púber se siente extraño consigo mismo, a causa de los cambios físicos que experimenta, algo parecido le ocurre con su entorno familiar que le exige nuevas normas y pautas de conducta. Ante este panorama es habitual que el chico trate de rebelarse contra las imposiciones de los padres, como por ejemplo: las salidas nocturnas, desafíos al frío, conductas temerarias y disfunciones fisiológicas -inapetencia, obesidad y fatiga-. Si se está frente a alguna de estas situaciones lo más recomendable es recurrir al diálogo con el joven y brindarle razones y explicaciones sobre la conveniencia de seguir las normas impuestas. Es de suma importancia evitar la severidad y ser vengativos como también no guardar resentimientos inútiles.
Cabe tener en cuenta que la imaginación creativa es el principal recurso que poseen los púberes para crearse una realidad autónoma y diferente a la de su niñez y de la que le ofrecen los padres. Por este motivo, construyen su propia realidad imaginaria a través de diversas actividades -diario íntimo, rincón personal, nuevas aficiones o la pasión por la ficción o poesía-. Todos estos nuevos intereses requieren soledad o compañías escogidas y por eso el culto a la amistad es tan típico de esa edad; los chicos prefieren, por supuesto, el control de parte de los amigos antes que el de sus padres. Es imprescindible gestar una relación de confianza mutua con el joven mediante la paciencia, tolerancia y tiempo . Los chicos que se sienten incomprendidos y controlados evitan sus casas y llegan más tarde de lo previsto, rechazan la compañía paterna y pueden, incluso, fugarse por una noche o varias horas.
La adolescencia es una etapa de búsqueda de la identidad física y psicológica además de un proceso de adquisición de independencia. Por este motivo, los adolescentes pasan por períodos en que desean compañía y otros en los que prefieren la soledad y el aislamiento. En esta etapa se establece una nueva relación con la familia y se la sustituye por el grupo de amigos. Las ansiedades acerca del presente y del futuro, la aceptación de la finitud de la vida y la pulsión sexual que requiere satisfacción constituyen los ejes fundamentales en los que se asienta la crisis vital adolescente. Chicos y chicas se enfrentan a ésta según sus propias características subjetivas y con nuevos retos por delante, como la necesidad de experimentar situaciones nuevas y diferentes. Por lo tanto, los padres no deben inquietarse ante los constantes cambios de humor de su hijo adolescente. La vida emocional pasa por un período -a veces largo- de inestabilidad que confunde a los que les rodean tanto como a él mismo. El adolescente cree que no le entienden pero tampoco se entiende ni tiene capacidad de entender a los demás. Pasa fácilmente de la alegría a la tristeza, de verse capaz de hacer todo a sentirse débil, de creerse adulto y responsable a necesitar compañía y ayuda como cuando era pequeño. Es fundamental separarse internamente de los padres como destinatarios amorosos para buscar y elegir otros intereses de su entorno.


Inseguridad y elección de la pareja
El adolescente es muy frágil en su relación con el resto porque, internamente, no se siente seguro de casi nada. Su autoestima puede ser fácilmente herida y necesita sentirse aceptado por los amigos y el resto de la pandilla. El miedo al rechazo o a la exclusión y la búsqueda de aceptación por todos los medios son dos aspectos esenciales de este período; es el momento en el que se van a determinar muchas de las conductas y hasta pueden transgredir las normas familiares. El modelo grupal sustituirá a los valores representados por los padres a los que se enfrentará para poder seguir formando parte de su círculo de amigos.
La capacidad de elegir un destinatario amoroso fuera de la familia se ve favorecida por el despertar de la sexualidad genital durante la pubertad y la adolescencia, además de la integración de los aspectos masculinos y femeninos en sintonía con el sexo anatómico y la asunción de la identidad sexual. Todo esto no quiere decir que se está eligiendo a la pareja definitiva, ya que el joven aún tiene mucho camino por recorrer. Es por este motivo que los romances, durante esa edad, son buenos y necesarios para ir experimentando en las relaciones amorosas. Lo más frecuente es que, después de haber realizado algunos tanteos y aventuras, cada adolescente esté más preparado para escoger la persona con la que prefiere compartir sus cuestiones más íntimas. La primera experiencia suele ser transmitida primero al mejor amigo o amiga y sólo cuando se sienta más seguro en la relación surgirán las ganas de explicarlo a sus padres.

Por todos estos motivos, el mejor camino es el diálogo. Mantener una relación abierta con los hijos colaborará con el desarrollo del adolescente. Hay que tener paciencia y saber escucharlos. SUAT te extiende una mano para comprenderlos y que ellos sepan comprenderte.

Dr. Eduardo Caterino
Psiquiatra de SUAT





Palabras clave:  adolescencia, pubertad, crisis, sexualidad, depresion, inseguridad, jovenes

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