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Consejos Médicos

01.09.2016   |   Enfermedades médicas Volver

VIH en el adulto mayor. Parte 2

Podés leer VIH en el adulto mayor. Parte 1, haciendo click aquí.

En la actual edición se da continuidad a la temática planteada anteriormente: el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) en los adultos mayores. En esta oportunidad, podrás conocer sobre la mortalidad y las diversas enfermedades asociadas a la referida patología.

En países de ingresos altos, la esperanza de vida de una persona seropositiva -que consigue y mantiene una supresión vírica bajo tratamiento antirretrovírico- se acerca a la de otra que no se ha infectado. El inicio a tiempo de la terapia es en especial importante en los adultos mayores porque los sistemas inmunitarios suelen tardar más tiempo en recuperarse en comparación con los de personas más jóvenes.

Enfermedades asociadas al VIH-SIDA y cambios inmunológicos
La terapia antirretroviral (TARV) ha prolongado la supervivencia en individuos infectados por este virus, y también dio lugar a cambios en materia de patrones de morbilidad y mortalidad. A medida que las muertes por SIDA y las infecciones oportunistas disminuyen, las condiciones médicas relacionadas con la edad se vuelven más frecuentes. En general, en los infectados por VIH existen cambios inmunológicos y una mayor carga de comorbilidad asociada a la edad, lo que implica enfermedades cardiovasculares, metabólicas, pulmonares, renales y óseas, además de afecciones malignas. Las consecuencias a largo plazo de la infección por este virus incluyen: envejecimiento prematuro, enfermedades cardiovasculares, tipos de cáncer no asociados al SIDA, osteoporosis, fragilidad y deterioro neurocognitivo. Se cree que estos resultan de la inflamación crónica, la activación inmune y la inmunosenescencia; en este sentido, está demostrado que el TARV reduce esos marcadores inflamatorios pero no los regresa a los niveles normales.

Por otra parte, el aumento de supervivencia de los casos de VIH repercute en un incremento de la prevalencia de trastornos metabólicos -como la intolerancia a la glucosa, la diabetes mellitus y dislipemia-. Asimismo, sube el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares en los infectados con más de 50 años de edad; esto se puede reducir al controlar los factores de riesgo -tabaquismo, hipertensión arterial y obesidad, entre otros-. Además, este sector de la población es más proclive a sufrir trastornos neurocognitivos , ya sean asociados con la propia infección por VIH u otras razones. La forma más grave es la demencia vinculada a este virus que se suele manifestar como un inicio subagudo de alteraciones que comprenden enlentecimiento psicomotor y disminución de atención y concentración. A esto se suma que pueden experimentar deterioro cognitivo relacionado con la edad en forma más temprana en comparación con las personas de la misma edad pero no infectadas.

El envejecimiento también actúa como un factor de riesgo para la neuropatía periférica , y en el caso de las personas con VIH es menor la probabilidad de recuperación después de la suspensión de las drogas antirretrovirales. En tanto, hay algunos tipos de cáncer -anal, de pulmón o hígado- que se producen a edades más tempranas cuando se trata de personas infectadas; este hecho puede estar asociado con la rapidez con la cual se da el envejecimiento en esta población.

Ciertos estilos de vida y componentes hormonales acrecientan el riesgo de los trastornos del metabolismo óseo y son usuales en los infectados por VIH, entre los que se destacan los siguientes: falta de actividad física, disminución de la ingesta de calcio y vitamina D, tabaquismo, consumo de alcohol y opiáceos, depresión, y bajos niveles de testosterona.

La coinfección con el virus de la hepatitis B y C (VHB y VHC) es común en este sector de la población y responde a las rutas comunes de transmisión; el VIH afecta negativamente la historia natural de cada uno de los virus de la hepatitis, constatándose una mayor probabilidad de infección crónica y un incremento de la velocidad de progresión a la fibrosis hepática y cirrosis. La lista de enfermedades también implica a las afecciones pulmonares que actúan como una gran carga para los adultos mayores con infección por VIH; es significativamente más frecuente la incidencia de la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), la fibrosis e infecciones pulmonares, el cáncer de pulmón y la hipertensión pulmonar entre estas personas.

Fragilidad y medida anticipada
Se define a la fragilidad como un estado de vulnerabilidad en los adultos mayores caracterizada por la disminución de la reserva fisiológica y que resulta en un incremento del riesgo de resultados adversos: desde dependencia e institucionalización, hasta caídas y muerte. Como medida anticipada es imprescindible que los médicos tengan en cuenta los exámenes de rutina para la detección apropiada de esta enfermedad.

En conclusión, las personas de 50 años o más constituyen la parte de la sociedad que demanda cada vez mayor atención con respecto a la epidemia del VIH. Sin embargo, hay que subrayar que muchas personas seropositivas viven más años y de manera más activa gracias a la expansión del tratamiento antirretrovírico efectivo.

Por lo tanto, es ineludible la valoración integral en esta franja etaria que contemple comorbilidad, polifarmacia, fragilidad, y valoración cognitiva y afectiva. SUAT te invita a fomentar un estilo de vida saludable y también a prestar especial atención a los adultos mayores.

Dr. Oscar López
Médico de SUAT

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