Se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud. La causa fundamental de la obesidad y el sobrepeso es un desequilibrio entre el ingreso y el gasto de calorías.
El aumento mundial de estas enfermedades es atribuible a varios factores: la modificación de la dieta con una tendencia al aumento de la ingesta de alimentos hipercalóricos -ricos en grasas y azúcares pero con escasas vitaminas, minerales y otros micronutrientes- y la tendencia a la disminución de la actividad física debido a la naturaleza cada vez más sedentaria de muchos trabajos, a los cambios en los medios de transporte y a la creciente urbanización.
La obesidad ha alcanzado tasas de epidemia a nivel mundial y preocupa seriamente a las autoridades sanitarias; se ha convertido en un problema de salud de primer orden. De hecho, alarma la asociación que hay entre ésta y las enfermedades crónicas, tales como: la diabetes, afecciones cardiovasculares e hipertensión arterial. En Uruguay, uno de cada dos personas sufre de sobrepeso y una de cada cinco es obesa.
El índice de masa corporal (IMC)
Éste se obtiene como resultado de dividir el peso -en kilogramos- sobre el cuadrado de la altura en metros (kg/m²). Frecuentemente, se utiliza para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos, ya sea tanto a nivel individual como poblacional. El IMC constituye la medida poblacional más útil de estas enfermedades, ya que la forma de calcularlo no varía en función del sexo ni de la edad en la población adulta.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define al sobrepeso como un IMC igual o superior a 25 y a la obesidad como un IMC igual o superior a 30. Estos umbrales sirven de referencia para las evaluaciones individuales pero hay pruebas sobre que el riesgo de enfermedades crónicas en la población aumenta progresivamente a partir de un IMC de 21.
Masa magra y masa grasa
La mujer y el hombre tienen la misma proporción entre masa magra -tejido muscular, huesos y vísceras- y tejido adiposo hasta llegada la pubertad. En el varón, el aumento de la masa magra es paralelo al incremento de la altura con la edad. De esta forma, en la adolescencia se observa el momento de mayor crecimiento a nivel óseo y muscular. Ese crecimiento divergente da como resultado que los hombres tengan hasta un 45% de su peso corporal en músculos y las mujeres hasta un 30% de su peso corporal en grasa durante esta etapa de la vida. Como resultado, al final de la pubertad los varones son más pesados que las mujeres a expensas de su masa magra.
Por otra parte, la grasa corporal total aumenta en la pubertad temprana tanto en los hombres como en las mujeres. Posteriormente, las jóvenes depositan grasa en forma extensa y con mayor rapidez de lo que lo hacen los varones; sucede con predominio en miembros superiores, tronco y parte superior del muslo. En condiciones normales, en ningún momento de la pubertad se espera que las niñas pierdan grasa mientras que los varones pierden grasa en los miembros y el tronco.
Además de la cantidad de grasa, es importante considerar la distribución de ésta en el cuerpo; puede estimarse midiendo y relacionando las circunferencias abdominales con las de cadera. En la mujer, el índice de cintura-cadera se define como adecuado cuando es de 0,8 o menor y la circunferencia abdominal de 88cm o menor. Valores superiores a los mencionados indican presencia de exceso de grasa corporal a nivel abdominal.
La disposición del tejido adiposo que se conoce como ginoide, típicamente femenina -en forma de pera-, es la que se acumula sobre todo en caderas, glúteos y muslos. Su exceso se asocia con mayor frecuencia a patologías de tipo osteoarticular. El otro tipo de disposición del tejido adiposo es el llamado androide -forma de manzana- está más relacionada al hombre. El patrón que diferencia la acumulación de la grasa según el sexo está fuertemente ligado con aspectos hormonales así como también por factores genéticos.
El tejido adiposo según las edades
Existen períodos que son de alto riesgo en cuanto a la posible adquisición de exceso de peso: el primer año de vida, la adolescencia y el embarazo. Estas etapas se caracterizan por el predominio de multiplicación celular, ya que son de rápido crecimiento y formación de tejidos. Por ende, la célula grasa, al igual que otras células en el cuerpo, puede multiplicarse y aumentar su tamaño.
Respecto a la edad, por cada década de vida el metabolismo basal -cantidad diaria de energía que consume el organismo sin estar realizando ninguna actividad- desciende un 10%; este hecho afecta por igual a hombres y mujeres. Significa que con el transcurso de los años se irá aumentando de peso en forma gradual si no se modifican los hábitos de alimentación y la realización de actividad física. En el caso de la mujer, en la menopausia hay riesgo de aumento de peso y de pérdida del capital calcico a nivel óseo -con el riesgo de osteoporosis y fracturas-. Luego de esa etapa, se observa una modificación en el patrón de depósito del tejido adiposo aproximándose a la forma androide.
Aquellas mujeres con grasa acumulada en el abdomen tienen un 63% más de posibilidades de morir que las delgadas como consecuencia de algún tipo de cáncer -tumores de riñón, colon o mama-. Estudios realizados confirman que los riesgos asociados a la grasa abdominal -niveles altos de colesterol perjudicial y resistencia a la insulina- son independientes del índice de masa corporal.
También se ha observado relación entre obesidad abdominal y deterioro cognitivo Por lo tanto, el hecho de tener abdomen prominente y sobrepeso aumenta en 2,5 veces –comparado con personas con peso normal- la probabilidad de presentar demencia a partir de los 70 años.
Obesidad y embarazo
Cada vez más mujeres llegan al embarazo con sobrepeso u obesidad. Esta situación repercute negativamente en los neonatos, ya que nacen con más grasa y menos músculo si se compara con los hijos de mujeres de peso normal; esto los hace más propensos al riesgo de sufrir diabetes y obesidad en edad adulta. Ante un bebé con un alto porcentaje de grasa, se estimulará aún más a seguir la lactancia materna debido a que las evidencias señalan que los bebés alimentados con fórmula artificial suelen ser más proclives a tener sobrepeso. En el caso de las mujeres es habitual que el exceso de peso en cada embarazo vaya teniendo un efecto “acumulativo” para futuras gestaciones. De esta forma, se llega al siguiente embarazo con más peso que el anterior.
Conocer las características del tejido adiposo en la mujer a lo largo de la vida es útil para ir haciendo las modificaciones en la alimentación y hábitos de actividad física. SUAT te acerca la información fundamental para prevenir enfermedades y lograr un estilo de vida sano.
Dra. María Dutra
Médico de SUAT