Se definen así a las infecciones transmitidas por la madre hacia el feto o al recién nacido; de esta forma, toman la denominación de congénitas o "connatales". La gran mayoría de las infecciones comunes que la madre puede experimentar durante el embarazo -cuadros gripales estacionales y otras infecciones respiratorias, por ejemplo- no tienen consecuencias sobre el feto. Sin embargo, existen otras infecciones que sí pueden repercutir en el feto y recién nacido, como las que serán comentadas a continuación:
La infección materna puede ser transmitida al feto, básicamente, en tres formas:
Infección intrauterina: la madre se infecta y los virus o bacterias pasan al feto por la circulación placentaria o por vía ascendente desde los genitales, sobre todo en casos de rotura prematura de membranas.
Infección intraparto: se produce durante el nacimiento por gérmenes presentes en el canal del parto.
Infección postparto: ocurre luego del nacimiento por contacto con una madre enferma y/o su leche.
Tipos de infecciones
Pueden ser provocadas, fundamentalmente, por virus, bacterias o parásitos.
Dentro del grupo de los virus se encuentran:
Citomegalovirus (CMV): es relativamente común que las madres se infecten con este virus. La transmisión al feto se da por cualquiera de las formas ya citadas, pero la más importante es la primera. Los síntomas son los de un cuadro "gripal" y puede haber ganglios palpables. Si ocurre en las primeras 20 semanas de embarazo existe riesgo para el feto y hasta ocasionar abortos, alteraciones en el crecimiento y síntomas neurológicos en el recién nacido. Entre el 85 y 90% de los recién nacidos infectados estará asintomático al nacer y presentarán un riesgo de entre 5 y 25% de padecer sordera, retardo psicomotriz u otras alteraciones en el desarrollo. Rubéola: esta infección tenía graves consecuencias sobre el recién nacido, aunque ha desaparecido en Uruguay gracias a la vacunación masiva. Herpes simple (VHS): se da fundamentalmente el HSV tipo 2 -produce infecciones genitales en la mujer, ya sean evidentes o no-. El recién nacido es contagiado al pasar por el canal de parto y desarrolla infecciones que pueden llegar a ser muy graves, con afectación generalizada y sobre todo a nivel del sistema nervioso. Cuando la infección es conocida en la madre se presentan como una indicación de cesárea -método beneficioso para proteger al niño-. Varicela: es una enfermedad que también ha disminuido debido a una suma de factores, entre los cuales se encuentra que la mayoría de las mujeres ya padeció la varicela en la niñez y también se debe a que se suele vacunar contra este virus luego del primer año de vida. La forma más severa se da cuando la madre adquiere la varicela en la semana previa al parto o en los días inmediatos a éste. El recién nacido puede contagiarse y desarrollar una forma grave de varicela con afectación multiorgánica.
En relación a las bacterias, quizás la infección más frecuente y conocida sea la sífilis congénita -provocada por el treponema pallidu-. Esta enfermedad se produce en el feto de cualquier madre infectada pero es más común que suceda un año después de que la madre se haya infectado por primera vez. Las consecuencias son más graves entre las 16 y 20 semanas de embarazo. El recién nacido se puede contagiar mediante lesiones genitales durante el parto. Si la madre no es tratada en el 40% de los casos se desarrolla la muerte del feto mientras que el 60% restante muestra grados variables de enfermedad que pueden ser ostensibles al nacer o poco después. Pocas enfermedades congénitas son tan prevenibles y tratables como la sífilis. Su frecuencia traduce el nivel de educación y control en la población de madres -y sus parejas-: cuanto más controles se realicen, tratamientos adecuados se apliquen y mayor sea el seguimiento, se obtendrán menos enfermedades.
En cuanto a los parásitos, el caso más conocido es el de la toxoplasmosis que es provocada por el parásito toxoplasma gondii. Se adquiere por ingestión de una forma quística del parásito al comer carne mal cocinada, frutas y/o verduras mal lavadas o por contacto con gatos enfermos -o portadores- y sus excretas. Solamente el 10% de las mujeres que se enferman presentan síntomas -malestar, febrícula y dolores musculares-. Cuanto más tardía la infección en el embarazo, más chances de ser transmitida al feto. Un 5% de los recién nacidos infectados presentará una forma grave generalizada y con alta mortalidad; entre el 85 y 90% se encontrará asintomático al nacer y dentro de ese grupo entre el 20 y 30% podrá presentar síntomas neurológicos o afectación visual en forma diferida. Las madres que han adquirido la infección en etapas previas de su vida son mucho menos transmisoras y la mayoría nace indemne.
Prevención
Es de suma importancia mencionar que en todos los casos la mejor medida es la prevención. El control adecuado del embarazo, en forma precoz y constante, permite diagnosticar oportunamente la mayoría de estas enfermedades. Las normas de higiene personal y ambiental de las embarazadas también se constituyen como barreras efectivas. Un gran porcentaje de estas infecciones son tratables en la actualidad pero la relación costo-beneficio (en lo económico y en salud) se inclina ampliamente por las medidas de prevención. El ginecólogo te guiará durante el embarazo al indicar los exámenes necesarios y, eventualmente, el tratamiento más adecuado para que tu hijo nazca sano y desarrolle todas sus capacidades al máximo.
SUAT te invita a que realices controles periódicos y evites serios problemas.
Dr. R. Decuadro
Pediatra SUAT
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