Es fundamental mencionar que la actividad física está relacionada con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares, cáncer, mortalidad prematura, diabetes, hipertensión y obesidad en el correr de la edad adulta. Existe una vasta evidencia de que los orígenes de la enfermedad cardiovascular tienen lugar en la infancia y adolescencia. Asimismo, se conoce que los patrones de conducta que están asociados a la actividad física en la infancia suelen permanecer en la vida adulta.
Poner el cuerpo en movimiento
Para comprender mejor será necesario explicar detenidamente el significado de actividad física, la cual se refiere a todo tipo de movimiento corporal que es generado por el músculo esquelético y que implica consumo energético. Ante este punto también cabe nombrar al ejercicio físico porque se trata de la actividad física estructurada, sistemática, planificada y dirigida al progreso o mantenimiento de uno o varios componentes de la condición física. El deporte está constituido por la actividad física que se rige según normas y que involucra entrenamiento y un afán competitivo. Por otra parte, la condición física engloba varios factores, como son los siguientes: flexibilidad, capacidad cardiorrespiratoria, fuerza y resistencia muscular, además de la composición corporal -haciendo hincapié en la adiposidad-. En el caso de los más pequeños también se agregan la velocidad y la agilidad. Está comprobado que mantener un estilo de vida activa conlleva múltiples beneficios, ya sea en niños como en adolescentes, y se debe a que el ejercicio mejora el rendimiento a nivel cardiovascular, aumenta la sensación de bienestar psicológico y acrecienta la masa ósea. Es decir, ventajas para nada despreciables.
Recomendaciones
Se han llevado a cabo estudios en niños y adolescentes -de entre 4 y 18 años- y en adultos jóvenes -de 19 a 21 años- que demuestran la existencia de una asociación entre el aumento del tiempo destinado a actividades sedentarias y empeoramiento de los valores de Lipidograma (estudio de niveles de grasas en sangre), aparición de cifras de presión arterial elevadas, aumento de los índices de obesidad y resistencia a la insulina. Por lo contrario, cuando se mantiene un estilo de vida a base de actividad física se logra una reducción de las cifras de presión arterial elevada, disminución del índice de masa corporal (IMC) y de la cantidad de tejido adiposo como también una mejora del perfil de riesgo cardiovascular. Sin embargo, no está establecido por completo cuánto tiempo ni qué intensidad de ejercicio son necesarios para reducir el riesgo cardiovascular en niños y adolescentes. La recomendación general en chicos mayores de 6 años es que realicen una hora diaria de actividad física moderada y vigorosa; en contrapartida, se aconseja que el tiempo destinado a tareas sedentarias no impliquen más de dos horas por día. A su vez, es necesario mantener una alimentación baja en grasas saturadas y azúcares refinados.
La situación actual en Estados Unidos es alarmante: el 56.3 % de los jóvenes no realiza ni siquiera 60 minutos de actividad física diaria. A esto hay agregarle que con el paso de los años el deporte en sus vidas va perdiendo terreno. Por esta razón, es imprescindible que se aborde el tema del sedentarismo en distintos ámbitos. En primer lugar, se encuentra el rol modélico que poseen los padres; son los responsables de dar el ejemplo con sus propias conductas. En segundo lugar, toma relevancia la comunidad; deben existir parques o lugares públicos seguros para las actividades al aire libre.
Las medidas aplicadas en el presente en relación a esta temática tendrán grandes repercusiones en el futuro de los niños y adolescentes. Con el objetivo de lograr un estilo de vida saludable hay que recurrir a la enseñanza de los buenos hábitos -como es una dieta sana y ejercicio físico diario-. SUAT promueve el cuidado de tus pequeños en todos los niveles.
Dra. María Dutra
Médica de SUAT
Palabras clave:
deporte,
adolescencia
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